-Pam - Se abrió la puerta de casa.
-Ya estoy aquí, todos a cenar -dijo mi madre.
-Voy para la mesa -le contesté.
Ya ha llegado el mejor momento del día, donde nos reunimos la familia para contarnos las anécdotas e historias del día. Por el rostro apagado de mi hermana, puedo deducir que no ha tenido su mejor día, al contrario de mi padre que está feliz como una perdiz, aunque tampoco es algo extraño ya que siempre, tenga o no tenga un buen día , al sentarse en la mesa su expresión facial cambia completamente, siempre esta con una sonrisa de oreja a oreja .
Finalmente mi madre, la alegría de la casa, gracias a ella cada cena se hace inolvidable, cada díia nos cuenta las fantásticas anécdotas que le han sucedido, ya que al trabajar en psicología diariamente llegan pacientes con problemas cada vez más extraños. Mi madre es muy profesional y no va contando los problemas de sus pacientes, solo que al estar en familia siempre nos explica el más raro de ese día y debo admitir que siempre se me escapa una carcajada. Mi familia siempre me dice que como muy lento y que siempre acabó el último, pero es algo extraño porque eso solo me pasa cuando estoy con mi madre, ya que me quedo embobado escuchando sus aventuras.
Hoy hace exactamente 1 año que mi madre nos dejó, recuerdo como si fuera ayer esa última cena todos juntos. Ahora las cenas no son lo mismo, han pasado de ser mi momento favorito del día a ser ese momento en el que se escapan lágrimas. Mi padre ya casi no sonríe y las cenas son frías y tristes.
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